A continuación podéis leer los resúmenes de lo que pasó en cada episodio durante la temporada 4 en Marbella 3.
Lista de episodios
- Episodio 0 - Informes
- Episodio 1 - Fuera del tablero
- Episodio 2 - Garnacha
- Episodio 3 - En la mira
- Episodio 4 - La sangre no importa
- Episodio 5
- Episodio 6 - Jaque
- Episodio 7 - Una vida por otra vida
Episodio 0 - Informes
Marbella, España - 21:15 h
Hospital St. Fiacre
Agatha toma una bata sucia de la lavandería del hospital, se la coloca y se cuela en la sala de citaciones. Revisa la estantería con todos los historiales y busca unos de un tal “Rodriguez”. En cuanto los encuentra, se pone a escanearlos.
Nada más terminar de imprimir los papeles, los mete en una bolsa. De pronto, Agatha oye unos ruidos en el pasillo, coge la bolsa y se esconde detrás de la puerta. Un instante después, unas doctoras entran en la sala y se percatan de que la impresora acaba de utilizarse. Agatha se pone nerviosa. Las doctoras se percatan de ella, una de ellas intenta retener a Agatha al ver que lleva una bolsa en su mano. Agatha les dice que no llamen a la policía, que no le interesaba nada. La doctora intenta agarrarla del brazo, Agatha saca su cuchillo, la apuñala en el lado derecho del abdomen y acto seguido le corta la garganta.
Lo siento, lo siento, lo siento... - balbucea Agatha.
Segundos después, sale corriendo de la sala y huye del hospital, mientras la sangre de la doctora queda esparcida sobre el suelo.
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Episodio 1 - Fuera del tablero
Agatha observa desde la azotea, con unos prismáticos en la mano. Sigue con la mirada a Greco, que acaba de salir de la comisaría junto con Enzo. No los pierde de vista. Los dos hombres caminan hasta el puente de la ciudad, donde Greco habla con Enzo en privado. Agatha no se pierde ningún detalle, exhalando una lenta bocanada de humo mientras los vigila con atención.
Más tarde, Agatha está de pie fumando cerca de la entrada de empleados de un edificio industrial. Tras terminar su cigarrillo, lo tira y entra.
Recorre un par de pasillos, pasando por una sala de control. Sale de esta y se detiene a observar cómo las máquinas funde el material. Segundos después, comienza a subir por unas plataformas y pasarelas hasta llegar a un saliente. Saca otro cigarrillo y espera con la mirada fija en la fundición.
Escucha a lo lejos el motor de un coche que se aproxima a los alrededores. Agatha viendo que todavía ha aparecido decide moverse por las plataformas.
En una de las escaleras que conduce hacia una plataforma superior descubre a Greco, que baja agachado por estas para no hacer mucho ruido. Le habían dicho que era más listo. Greco para en seco y se fija en lo que tiene en su mano derecha.
Greco, serio, le pregunta qué es lo que quiere. Agatha le dice que había pensado en hablar con él, explicarle un par de cosas, porque lo ve bastante perdido. ¿Le acompaña o prefiere tener esa diferencia de altura? Greco prefiere hablar las cosas a la misma altura. Agatha le pide que la acompañe, se da media vuelta y lo guía hacia el saliente donde estaba antes.
Mientras caminan, Greco le pregunta si no debería tener miedo por su cuello. No es que le de miedo, pero a la chica del hospital tampoco lo tuvo y no terminó muy bien. Agatha le pregunta cómo sabe eso. Él sabe unas cosas y ella otras. Por algo le ha dicho de jugar a la misma altura. Agatha le dice que esa es una razón por la que decían que es una persona competente.
Agatha comienza. Le dice que ha escuchado sus conversaciones y que están solos, quería que fuera un poco más “romantico”. Agatha le mira detenidamente durante unos segundos, le ve mayor y menos cobarde que la última vez. Greco alza una ceja, cree que se está equivocado de persona.
No. Eres Greco Rodriguez - le dice Agatha segura.
¿Y usted es? - pregunta Greco con voz firme.
Se presenta y le dice su nombre.
Un placer Agatha… a secas - responde Greco.
Este quiere que le diga su apellido.
¿No te lo han contado en casa? Pensaba que lo sabías - le contesta.
Agatha le propone jugar a un juego. Y le explicar el por qué, puesto que parece que no le han dicho nada en casa. Greco acepta.
Agatha le dice que seguro que ha venido por lo del coche, que lo vió en el hospital. Al fin y al cabo sabía que le iban a llegar las grabaciones. Fue allí porque estuvo siguiendo a una tal Iris, que fue al hospital preguntando por él, pero eso es otra historia, primero deberían empezar por el principio, aunque el círculo ya está cerrado y debería saber el final. Siempre lo ha estado buscando. Este aprieta la mandíbula.
Agatha le repite varias veces que no intente detenerla. Ella le dice que estuvo siguiendo a un hombre, que él sabe quién es, puesto que se presentó donde esté y empezó a gritarle, en un puerto. Greco se queda en silencio, pero Agatha le insiste varias veces si se acuerda de ello hasta que le responde que sí. Agatha sigue explicando, le cuenta que al intentar abrir camino lo único que encontró en él fue muerte. Siempre hace lo mismo. Es un cobarde.
Greco le dice si intentan encasquetarle otro muerto. Para nada, ya tiene suficientes bajo sus pies. Greco le contesta que su trabajo es lo que tiene. Agatha empieza a reírse.
¿Qué va a pasar con tu trabajo Greco? - le pregunta Agatha a sabiendas de la respuesta. - Dímelo. ¿O quieres que te lo diga yo?
Agatha le dice que está loco. Este le dice que hubo que sí, pero él no es el que va por ahí con el coche de un muerto.
Agatha le grita, no debería hablar sin saber. Antes era más humilde y se hacia el tonto. ¿Acaso no lo aprendió todo de él? No le llega ni a la suela del zapato.
Ten cuidado - le dice Greco muy serio.
Agatha se ríe. Sabe lo que ha hecho hace un rato, le ha estado observando y que estaba hablando con alguien en el puente.
Agatha le dice que no se crea el rey. Greco quiere saber quién es en realidad. Agatha se vuelve a reír. ¿No le han contado nada de ella? Pensaba que “ella” la estaba buscando. Le da mucha pena, le ve muy roto. Greco le exige que le explique por qué está allí. Demasiado pide exigiendo y luego es él el que no dice nada.
Aún así, Agatha le cuenta que después de su cagada, ocurrió el secuestro de Iris. Algo que la hizo salir de las sombras, dando la dirección de Luca, porque él no fue capaz de pararlo.
¿Que estas aquí para recordarme los errores del pasado? - le pregunta Greco mirándola fijamente.
¡Oh, sí! Sin duda. Tienes que conocerlos para mejorar - le responde Agatha.
Si le va a criticar con eso, que al menos sean los que no sabe.
Agatha continúa. Sabía que era el más íntegro, pero no hizo lo que prometió. Él tenía fé en él. Greco le pregunta si tanto le conocía. Agatha le sentía como un hermano, según las noticias él fue quien le mató. Greco le indica que los medios están equivocados. Eran corruptos.
Greco le pregunta si le va a encasquetar otra muerte más. Agatha niega. Chernyshev se merecía algo mejor. Eso es algo en lo que Greco también está de acuerdo.
El alzamiento de Luca se podría haber parado con él. Greco está un poco confundido, pensaba que se llevaba bien con Luca, al estar cerca suya. Agatha se molesta, ¿Cómo sabe esa información? Pero le deja claro una cosa, Luca era una rata y de las peores.
El ajedrez siempre es mejor con dos personas - dice Greco.
Pensaba que iba a ser diferente. Creo que voy a tener que cambiar las normas - contesta Agatha.
¿Vas a cambiar las normas, cuando ya has empezado la partida? - le pregunta Greco.
No vamos a darle la vuelta al tablero - responde ella.
Greco insiste en que le dé una respuesta. Agatha le grita que hace demasiadas preguntas. Normal que haya acabado siendo el títere muchas veces, pensando que él tenía el control.
Agatha cambia el rumbo de la conversación y le ofrece un trato, para que la persona a la que más quiere no vuelva a ver la cara de su asesino. Greco niega, sabe que esa persona lleva tiempo muerto. Si no hubiera sido por ella no habrían sido capaces de dar con Luca.
Agatha le cuenta que fue el otro día al hospital y que ha caído en todas las trampas que le ha puesto. Estuvo viendo cuanto tiempo le quedaba. Pensó que podría ser una persona amable y ayudarle. En ese momento le lanza un reloj. Greco lo pilla al vuelo de manera algo torpe. Parece que todavía sigue teniendo reflejos.
Le explica que es un reloj de bolsillo. Le pregunta si conoce la jugada de ajedrez de cómo se puede ganar por triple repetición. Este niega. Le gusta el ajedrez, pero no llega a tanto. Agatha suspira y se lo explica: si repites el mismo movimiento tres veces puede quedarse en tablas.
Le pregunta si ha visto lo que le ha dejado por la ciudad, que no ha parado de pintar el número 27. Greco balbucea en voz baja “Joder..” y se queda callado. Agatha quiere que sean sinceros el uno con el otro. Lleva cagándola todo este tiempo repitiendo siempre lo mismo, cosa que le puede inhabilitar para siempre.
Agatha se fija en el reloj que le ha lanzado hace un rato. Le dice que el reloj tiene una leva de tres pasos. Tiene una reserva de marcha calibrada, donde si no se le da cuerda, el reloj se para y, si o si, se va a parar el día 27. Será un pequeño recordatorio del tiempo que le queda.
Greco se queda callado. Agatha le dice que al menos le podía agradecer, al igual que seguramente se las dio Luca cuando se presentó el SNI en su puerta. Greco se interesa. Luca tocó a gente que no tenía que tocar. Greco sigue interesado y le pregunta si es alguien que tiene en casa. Ella sabe que no se atrevió a verla, y eso que la tenía delante, pero no la presionará, ella no es así.
Greco vuelve al tema de su repetición. Agatha se lo recuerda: se iba solo, hacía pacto con gente equivocada, casi deja a hijo sin su padre. Greco se cruje los dedos de su mano derecha. Ella quiere que sea inteligente y que no se ponga de nuevo en el punto de mira de la gente.
Se quita las gafas para que sepa que no le está ocultando nada. Y para que confíe un poco más en ella, le cuenta un secreto.
No sabes quien es Michael, pero Chernyshev mató a su jefe y yo le maté. Por lo que no quedaría nadie de Pegasus. ¡De nada! - le confiesa Agatha.
No quiere contarle muchas cosas, sabe por lo que ha leído en su historial que se abruma demasiado con mucha información.
Solo quiere echarle una mano. Para Greco cuando alguien intenta ayudarle no suele darle la información de una forma tan críptica.
Agatha se ríe. ¿Es que quería un abrazo? Le dice que a ella la ve mucho sola. Un día se planteó hacer una cosa para ver si despertaba, pero no lo hizo. Greco cree que empieza a entender porque Luca está muerto. Quiere saber si le dolió traicionarlo. Agatha le recalca que no está muerto, que está detenido y no va a salir nunca. Y sobre lo de traicionarlo, le dice que ella no es una Costello ni lo será nunca.
Debería de estar agradecido con ella, le está dando más información de lo que le daban en las cárnicas. Greco le comenta que tenían una relación curiosa. Agatha nunca entendió porque Igor tiene esa fijación con él. Debería tener cuidado. Lo mismo le dice Greco.
Agatha le dice si le quiere preguntar algo más. Greco le dice que le suena su cara y ella también. Con ella la vida habría sido diferente, pero no lo fue. Si su hermano hubiera estado vivo hubiera sido mejor. Le echa de menos.
Greco pregunta hace cuanto de aquello. Agatha se sorprende que no se lo haya dicho Iris, una fecha que le marcó mucho, al igual que a ella. 2008, como la fecha del nacimiento de su hijo Noah. Greco se cabrea, por su bien más le vale que no diga ese nombre. En tal caso, Agatha le dice que le dice que trate de que esté orgulloso de su padre.
Recuerda darle vueltas al reloj, nunca sabes cuando se va a parar - le recuerda Agatha.
Por último le comenta lo del asesinato. No era su intención hacerle daño, pero se puso muy nerviosa. Greco la tenía por alguien que sabría cómo actuar en cualquier tipo de situación, y no pedir a terceros que se disculparan por ella. Agatha puede hacerlo, pero luego los familiares de la víctima verían su cara todas las noches. En tal caso, Greco le dice que puede enviarle unas flores. Agatha le dice que como hicieron los Costello con Bobby.
Tendrá noticias suyas y le recuerda que no se olvide de darle vueltas al reloj. Según se va, Greco la para, y tras unos segundos este le dice “Hasta luego, Agatha”.
Baja a la planta baja y, al acercarse hacia la salida de acceso exclusivo para personal autorizado, Agatha se detiene. Se vuelve a mirar a Greco, que aún permanece en la plataforma donde habían estado hablando. Con una sonrisa en su rostro, le lanza un beso antes de marcharse.
Sale del edificio y se monta en un blindado rojo.
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Episodio 2 - Garnacha
Agatha observa la ciudad desde la terraza mientras fuma. Un zumbido incesante resuena en su cabeza hasta que, finalmente, cesa. Se encamina hacia al jardín y, a lo lejos, distingue a un hombre con el traje color café a rayas que se aproxima. Este le informa que el Don la está esperando en la zona de la piscina.
Le advierte que tenga cuidado con la fuente, no vaya a resbalarse con la fuga de agua. Agatha le dice que ha sido culpa suya mientras una leve sonrisa se le dibuja en la cara, y le informa de que el jardinero Toni ya no va a aparecer. El hombre le dice si lo ha hecho parecer un accidente. Agatha, sin dar detalles, le dice que tiene que ver con la fuente.
Al llegar a la piscina, Agatha se acerca al Don. Él le acaricia la mejilla con suavidad. Al sentir su mano Agatha sonríe tímidamente. El Don quiere saber si ella ha averiguado algo para él. Agatha le responde que muchas cosas, y le comenta que el jardinero ya no trabaja para ellos. El Don se ríe levemente. Espera que se haya divertido con él. Agatha le cuenta que el jardinero tenía vínculos con la policía. El Don asiente complacido. Se lo había puesto como una prueba y ha demostrado que es increíble.
Agatha le confirma que el plan con el taller ha ido bien. Se mudaron al que dejaron preparado. Ambos sonríen satisfechos.
El Don se vuelve hacia el paisaje, observando la ciudad en silencio. Le confiesa que hay algo que le recorre por la cabeza. Agatha le pregunta qué es y si puede encargarse de ello. Le dice que no ha sido del todo sincero con ella, pero ella sabe mejor que nadie que él hace todo por un motivo y no sabe cuánto le duele no habérselo dicho antes. Se le rompería el corazón si le pasara algo por un error suyo, por eso tuvo que ocultarlo. Espera que le permita explicárselo.
Agatha le observa en silencio.
¿Cuál es mi nombre? - le pide que le conteste.
Dante. Señor Salieri. Aunque siempre le llamo Don - responde Agatha.
Él le cuenta que ese solo ha sido uno de sus nombres pasajeros. Agatha no ve el problema, ella también ha tenido muchos. El Don despega la mirada del paisaje y se vuelve hacia ella, tomándola de la mano cariñosamente y le pide que le mire. Agatha le mira tímidamente. Quiere que sepa que, pase lo que pase, Agatha siempre será como una hija para él revelando su verdadero nombre: Zack Tarantino.
El rostro de Agatha se desencaja y le suelta la mano. Zack suspira. Sabe que Luca no le ha hablado bien de él, pero ambos saben que es un manipulador, un hombre despiadado. Si lo hubiera sabido, Luca le habría hecho daño, y eso es algo que él nunca se lo permitiría.
Agatha saca un cuchillo con una mano temblorosa. Zack no retrocede. Le dice que no tiene porqué matarle, pero tampoco se lo impediría. Luca le llenó la cabeza con mil historias sobre Zack. No niega que haya parte de verdad, pero todo depende de cómo se mire.
Agatha lo acusa. Por su culpa estuvo obsesionado con esa mujer. Nunca la olvidaba, ni siquiera cuando se acostaban juntos. Zack apretando los dientes conteniendo la rabia, le pregunta a Agatha si sabe lo que Luca y esa mujer hicieron a su familia. Francesco escupe al suelo. Agatha solo sabe una parte, pero no quiere tener que matarlo.
Zack le empieza a contar la historia. Le cuenta que su hermano mediano, Dante, desapareció una noche y no volvieron a saber más de él hasta que Luca, borracho en un bar, se fue de la lengua. Zack aprieta los puños. Engañaron a su hermano con la excusa de que le gustaba a Maria. Para burlarse de él, María le citó al lado del río y cuando los dos estaban hablando, apareció Luca y lo arrojó al agua. El problema era que Dante no sabía nadar y la corriente del río no puso las cosas fáciles. Un ruido empieza a resonar en su cabeza.
Días más tarde, encontraron el cadáver. A partir de ese día, la madre de Zack dejó de ser la misma y su padre, James, juró la guerra a la familia Costello. Y él, a método de venganza, se cargó a Maria. Agatha sabía que ella ocultaba algo.
Zack hubiera hecho lo mismo si Luca le hubiera tocado un pelo a Agatha. No iba a permitirlo, es como la hija que nunca pudo tener.
Agatha le pregunta si Luca no va a salir nunca de dónde está encerrado. Zack le pone la mano en la mejilla. Le explica que Luca ha sido preso por su actitud y negligencia y está muerto. Agatha no le cree. Zack quería que estuviera preso, que no viera la luz del día, pero al final obtuvo lo que quería. Casi que lo prefiere, así no le podrá meter ideas locas en la cabeza a Agatha.
Agatha quiere saber cuándo sucedió. Zack le confirma que ocurrió a los pocos días después de la última vez que lo vio. Agatha se echa la culpa. Zack le dice que no lo haga, Luca estaba loco y la estaba poniendo en peligro. Le advirtió de que la dejara en paz. Luca solo la estaba utilizando para olvidar a Maria. Sabe que Agatha en el fondo lo sabía. Por eso no se sentía completa. Entiende que esté dolida, pero para Zack tiene lo que se merecía. Tanto lo que le hicieron a su familia como a ella. Ahora forma parte de la familia Tarantino.
Agatha susurra que no merece esto. Zack le responde que ninguno de los dos lo merece. Comienza a llover. Zack se refugia bajo la pérgola del jardín y le pide a Agatha que se acerque. No puede permitir que su bonito maquillaje se estropee.
Zack le dice que merecía saberlo mientras ella se refugia a su lado. Agatha le dice que ha traicionado a Luca durante todo este tiempo. Zack le aclara que Luca se traicionó a sí mismo y que le engañó al ver que Luca se estaba aprovechando de ella y luego, al cogerla cariño, no le quedó otra que quitarselo del medio. Unas lágrimas recorrerían las mejillas de Agatha.
Si Zack le está contando todo esto es porque confía en ella. Le dice que si le quiere matar no se lo va a impedir. Él sabe que no hizo bien, pero que su odio a la familia Machiavelli no tiene final. Agatha se disculpa. Siente haber sacado el cuchillo. Zack sabía que no le iba a hacer daño, sabe que es inteligente. Le pone la mano en la espalda acariciándola con cariño.
Le comenta que el problema es que le comieron la cabeza al igual que hicieron con su hermano. Agatha le informa que vigiló la misa que le hicieron. Zack le cuenta que al igual que hizo Luca con ella, Enzo hizo lo mismo con su hermano, arrebatándoselo y no quería que ocurriera lo mismo con ella.
Agatha le dice que está solo, pero este le dice que ahora le tiene a ella, alguien con quien se puede sincerar. Zack agarra la cabeza de Agatha y le da un beso en la frente. Agatha le dice que no le dejará solo.
Juntos van a terminar esta guerra y terminarán lo que la familia Machiavelli empezó hace muchos años.
Zack le pregunta si conoce a Enzo. Agatha se ríe, sabe quien es. Muy tímido, no era tan guapo. Zack le dice que sigue con vida. Pensaba que Fedor había sido capaz de eliminarlo, pero no fue así.
Él y su hermano iban a obtener el poder, siendo la familia más poderosa y fue cuando su hermano les traicionó por culpa de Enzo. Por eso entiende a Agatha, y por eso no dudó en quitar del medio a Luca.
Zack la mira fijamente. Ella es una pieza muy importante para este rompecabezas y le tiene gran gratitud.
Puedo contar contigo, ¿cómo padre e hija? - pregunta Zack.
Siempre - responde Agatha sin dudar.
Bienvenida a la familia Tarantino - dice Zack sonriendo.
En ese momento, el ayudante Francesco Di Gondola se acerca a preguntarle al Don si prepara el vehículo. Este asiente.
Zack se ha enterado de que Enzo está intentando ganarse al pueblo mediante una fundación, como si sus pecados pudieran borrarse con actos caritativos. Irán juntos y le declararán la guerra.
Mientras caminan hacia el coche, Zack se detiene y le pregunta a Agatha si ha apreciado la cicatriz de su ojo. Agatha responde que muchas veces. Zack le explica que es de cristal. Enzo se lo arrebató. Agatha le dice que le devolverá la misma moneda y Zack añade que con creces.
Suben al coche. Zack le dice a Francesco que arranque y los lleve a la ubicación indicada. Durante el trayecto, Zack saca una bolsa de seda roja de su bolsillo y se la ofrece a Agatha como un regalo de bienvenida.
Agatha, emocionada, toma la bolsa y la abre. Dentro encuentra un delicado collar de plata con un pequeño colgante en forma de corazón y un pequeño sobre. Se coloca el collar y abre el sobre. Dentro, habría una carta en la que pondría: “Aquel que respeta el honor y guarda su silencio, encuentra su lugar entre los nuestros. Bienvenida a la familia - Con respeto, il Don“.
Conmovida, se lanza hacia él dándole un beso en la mejilla. Nunca nadie le había hecho un regalo tan bonito. Zack sonríe. Agatha mete la carta en el sobre y se la guarda en la media lencera.
Francesco, que había bajado del coche para revisar el lugar, regresa y les informa que parece tranquilo, aunque hay policía por los alrededores. Bajan del coche y se dirigen a la iglesia. Sin embargo, al entrar, se encuentra con un espectáculo desagradable. Zack le pregunta con frialdad a Francesco si se ha equivocado de iglesia. Él dice que no. Zack les ordena irse de allí. Eso es una obscenidad.
Al salir, Agatha se queda unos pasos atrás y se detienen en las escaleras, donde ve a un joven atractivo. Le dice que es muy guapo y si le puede desabrochar un botón. El joven no cree que sea lo más correcto estando donde están. Agatha insiste, haciendo que ceda y se lo pueda desabrochar. Francesco se aproxima a ella diciendole que no hay tiempo.
Agatha se aparta y vuelve con Zack, quien está asombrado por un vehículo estacionado en la esquina de la calle y se acerca a apreciarlo. En ese momento, Enzo se acerca a Agatha y escupe al suelo con desprecio, y después se dirige a Zack.
Agatha se acerca a ellos. Escucha como Enzo le dice a Zack que un hombre cuyo apellido no se puede nombrar en Sicilia por sus pecados hable de honor. Zack se ríe. Agatha se acerca a Francesco y se queda de pie a su lado, observando como los dos hombres se enfrentan con palabras cargadas de veneno. Francesco le informa a Agatha que no se había equivocado. Él nunca lo hace.
Finalmente, Enzo que no quiere que ningún civil se vea afectado por la visita de Zack le dice donde pueden hablar. Zack le espera en la tumba de la persona que Enzo se cargó. Antes de marcharse, Agatha se acerca a Enzo y le dice que la próxima vez se guarde la saliva, que la va a necesitar.
Se suben al coche. Agatha les advierte que la policía les está vigilando. Zack le pide a Francesco que arranque.
De camino a la tumba, Zack, con voz sombría y cargada de odio, le dice a Agatha que la muerte de Enzo será lenta, tal y como quiso su padre.
Agatha se adelanta por un sendero distinto. Un ruido comienza a resonar en su cabeza. Se llama a sí misma varias veces y se dice “No soy una Tarantino”. Piensa que podría cortarle el cuello, que no sería nada difícil y nadie se enteraría. Sus pensamientos paran al reunirse de nuevo con Zack.
Ven a Enzo arrodillado, ofreciendo sus respetos ante la tumba de Bobby. Zack lo encara con desprecio. Cómo un necio como él tiene la valía de acercarse a la tumba de su hermano. Enzo le responde que fue más hermano de Bobby que lo que fue él. Zack le dice que jugaron con él y lo convirtieron en eso. Enzo replica con un deje de rabia, quiere que le diga la verdad.
Ambos lo saben. Los Machiavelli fueron los causantes de todo esto. Lo que pasó con Dante. Enzo tose. Zack se ríe y le dice que tiene los días contados. Enzo le dice que él estará podrido por dentro, pero él tiene su alma. Zack le responde que ambas están igual de podridas.
Agatha se reúne con Francesco. Le susurra que podrían quitárselo del medio con un solo corte. Francesco, sin apartar la vista, le responde que en menos de un segundo puede hacerlo. Sin embargo, ambos permanecen inmóviles, dejando que Zack y Enzo sigan hablando. Enzo le dice con desprecio que siempre ha tenido aires de grandeza, pero no ha logrado ensombrecer a nadie.
Zack frunce el ceño. Le confiesa que lo de Maria fue una venganza por lo que le hicieron a Dante. Enzo le exclama con furia que eran niños; fue un accidente desafortunado. Luca era un estúpido, pero todo eso no justifica lo que le hicieron a su familia. Enzo tose nuevamente.
Agatha les mira confundida. Zack le dice a Enzo que al igual que pasó con el resto de su familia, él caerá, pero no por la enfermedad ni por su mano. Agatha se acerca a Enzo y sacando su cuchillo, le dice que es un sucio. Zack le dice que se tranquilice, no es el sitio ni el momento. Agatha asiente llamandolo padre.
Enzo comienza a reírse, terminando en una risa con tos. Enzo le pregunta con burla a Agatha qué le ha metido en la cabeza para que lo llame así. Agatha no contesta a la pregunta. Le dice que siempre iba solo, que no se juntaba con nadie. Era raro. Luca le detestaba. Enzo clava su mirada en ella, se siente orgulloso de dar asco a bestias y no a hombres.
Enzo se vuelve hacia Zack y le pregunta quién le quitará la vida. Ya lo descubrirá. No parará hasta que no vengue todo. Enzo replica si cree que su padre estaría orgulloso de lo que está haciendo. Zack responde que al menos abrazó la muerte. Enzo le dice que lo hizo, pero solo y odiando a uno de sus hijos. Dejando tras de sí un legado de sangre.
Zack le dice que aún no se ha saciado y que no es el último Tarantino que queda. Los Machiavelli no van a durar mucho. Enzo les comenta que por lo que se recuerda a la familia Tarantino son por las fechorías y asesinatos que hicieron como lo de la cabeza de su prima. Agatha salta diciendo que era una cerda. Enzo fija la mirada en ella. Le recrimina que lo sea cuando la secuestraron con dieciocho años y la violaron durante diez años. Es tan estúpida como su primo.
Zack le dice que solo él se cree esas mentiras. Enzo le dice a Zack que no quiere que prevalezca el odio y por eso le hablaba que la muerte de su padre le pareció penosa, tanto como la de su abuelo. Incluso Dios podría perdonar a alguien como él, pero aún así, decide seguir adelante.
Zack le dice que la sangre que se ha derramado no es suficiente para perdonar todo lo que hicieron. No hasta la muerte de los Machiavelli. Solo se ha acercado para recordarle que morirá de la peor manera y que la guerra no habría ocurrido si no hubieran hecho lo que le hicieron a sus hermanos.
Todo lo ha hecho por la familia al igual que Enzo, aunque le intente dar la vuelta pensando que él es el bueno. Y es sobre él en quien recae la muerte de su hermano. Enzo le pregunta porque le miente a la cara. ¿Es por ella? Señalando a Agatha. Agatha interviene. En la familia no tienen secretos. Zack responde fríamente que no teme a lo que diga.
Enzo le recuerda que Zack desde la Mano negra daba indicaciones a Luca para manipular a Tyrone. Y que todo eso llevó a aquella trampa. Tiene gente que le informa. Es lo que pasa cuando se pierde el honor. Zack replica. No lo necesita para mantenerse en el poder. Tyrone simplemente ha cumplido su papel como el predestinato. Agatha les mira nuevamente confundida.
Enzo le encara con la verdad y le recuerda aquella vez que iba a matar a Bobby, delante de su mujer y su hijo. Agatha dice que está mintiendo. Zack le para. Eso es verdad. Sabía que aunque se fuera con ellos, seguía siendo un Tarantino. Sabía lo que hacía cuando se ponía la máscara y tomaba la justicia por su mano. No le niega que le tuviera cariño, pero ambos saben que Enzo quería aprovecharse para que su familia siguiera viva.
Enzo le dice que la diferencia entre Bobby y él es que luchaba todos los días para no convertirse en una bestia. Quería que su hijo no siguiera ese camino, pero le obligaron a separarse de su hijo. Zack le dice a Enzo que es la vida que él eligió.
Antes de continuar, Zack les ordena que les dejen a solas. Ambos obedecen y Francesco le pide a Agatha que la siga.
Caminan hacia un pequeño lago cercano a las tumbas. Agatha le dice con rabia que Enzo no para de mentir. Francesco responde que sus mentiras manchan su honor y con esa mancha irá de cabeza a la tumba.
Agatha le pregunta si acabará en el infierno. Francesco le responde que acabará en el infierno para que miembros de su familia no lo hagan. Agatha le dice que no va con ella a divertirse. Se siente sola. Francesco le dice que él siempre está para ella. Agatha le dice que eso mismo le dijo el Don y no era verdad. Todos mienten. Francesco le asegura que él no. Agatha le informa que solo la gente cuando está apunto de morir es cuando es más sincera. Francesco le dice que solo los cobardes. Le pregunta si a ella le gusta mentir. Agatha le dice que no, no tiene motivos para hacerlo.
Agatha recuerda entonces a una chica que se llamaba Rubí. Muy guapa de cabello castaño, pero tenía algo muy feo dentro. La liberó y dejó que fuera feliz. Ella decía que se sentía triste y muy sola. Agatha se quedó con ella hasta que se fue.
Agatha quiere saber qué hizo con el hombre del otro día. Francesco le cuenta que utilizó un antiguo método de su abuelo. Ella le comenta que el Don le había hablado de ello y que por eso él es famoso. Francesco añade que rinde honores a la granja de su familia.
Agatha cambia de tema. Quiere conseguir el teléfono del chico de la camisa blanca que conoció en la iglesia. Francesco le pregunta si quiere una dirección. Agatha se gira a él asintiendo. Francesco le dice que lo puede encontrar en el café Kurant.
Agatha sonríe al escucharlo. Tiene ganas de ir allí. Hace mucho que no sale y espera que al Don no le importe. Le pide a Francesco que la lleve, pero él niega. Mientras que ese hombre esté ahí sobre la tumba no puede.
En ese instante, Zack se acerca a ellos y les anuncia que la guerra ha comenzado. Han llegado a un acuerdo. No involucraran ni a civiles, ni a niños, ni a policía. Es lo mejor si no quieren que Greco, un viejo amigo de su hermano y comisario de la policía, se entrometa.
Mientras caminan hacia el coche, Agatha le pregunta a Zack si pueden pasar por el café Kurant. Zack le dice que primero tienen que ir al taller de Tyrone.
Zack le pregunta a Agatha si las palabras de Enzo le parecían convincentes. Ella le responde que no tanto como las suyas. Zack le dice que aun así le comieron la cabeza a Bobby.
Sacan el coche del garaje y le pide a Agatha que suba. Francesco les sigue. Zack le comenta que ese coche iba a ser un regalo para su padre pero que nunca llegó a recibirlo.
Llegan al taller. Zack le ordena a Francesco que les avise que tienen que revisar los carburadores. Agatha se queda al lado de Zack y le susurra que son muchos. Aunque eso a Zack no parece preocuparle mucho. Uno de los chicos del taller acompaña a Francesco y lleva el coche al interior.
Zack le dice que si ve a la chica del pelo naranja. Al principio la contactó para vigilar a Tyrone, pero ella terminó enamorándose de él y le perdonó la vida.
Zack y Francesco entran al taller, dejando a Agatha sola en la puerta. Les observa hasta que unas chicas del taller se acercan a hablar con ella. La chica de pelo naranja le pregunta si también ha traído un coche para reparar. Agatha le dice que no, pero a partir de ahora lo llevará allí. La chica japonesa interviene orgullosa diciendo que es el mejor taller de toda la ciudad.
La chica de pelo naranja le dice que al jefe le gustan muchos los coches clásicos. Si se pasa otro día se lo presentan, aunque a Agatha no le van los coches clásicos. Ella se ausenta para ir a preguntar si necesitan algo dentro.
Agatha se queda hablando con la chica japonesa, quien se presenta como Ryoko. Le dice que es muy guapa. Ryoko se sonroja y le responde nerviosa que ella también lo es. Conversando Agatha descubre que la chica de pelo naranja se llama Nina. En ese momento aparece Ronin, otro de los chicos del taller. Ryoko, todavía nerviosa, se excusa y se va unos minutos, dejando a Agatha con Ronin. Poco después, Ryoko regresa y Ronin se despide, las deja a solas para que se conozcan.
Ryoko retoma la conversación en la que Agatha le ha contado que conoció a una chica japonesa en el pasado. Agatha le dice que le gustaría pasar página. A Ryoko también. Si necesita ayuda para pasar página puede ayudarla. Ryoko tartamudea, sorprendida por la propuesta, pero en ese instante, aparece Zack con el coche seguido de Francesco caminando a su lado.
Zack le pide a Agatha que se suba al coche. Ella se sienta y le comenta que tiene un nuevo juguete. Zack le cuenta que el verdadero nombre de Nina es Serena Suarez. Se lo cambió porque pensaba que la iban a perseguir.
Le explica que en un principio planearon quitarla del medio, pero vieron que les podría ser útil. Era inteligente y conocía las calles. Y si el día de mañana descubrían quien era, necesitaría poder para poder defenderse. Por eso no frenó a Tyrone. Agatha no se fía de ella. Zack tampoco, pero qué mejor que tener a una persona que necesita poder y conocen.
Cuando llegan a la puerta de la mansión, Zack recuerda que Agatha quería pasar por el café. Agatha le responde que no pasa nada, puede esperar. Aparcan los coches y Zack les pide reunirse. De camino al sitio donde hablar tranquilamente, Agatha le dice que le ha hecho muy feliz salir, tomar el aire y ver caras nuevas.
Salen a hablar a la terraza del segundo piso de la mansión. Zack les adelanta lo que va a pasar de ahora en adelante, aunque no les revelará todo. Quiere dejarles algunas sorpresas.
Dentro de unos días hablarán con Tyrone y le pedirán que cumpla lo último que le queda para tener el legado de los Tarantino: que sea él quien asesine a Enzo. A Agatha le gusta la idea. Francesco agrega que así cerrarán el círculo. Zack afirma.
La única manera para terminar con la rivalidad entre los Tarantino y los Machiavelli es que una de las familias desaparezca y Tyrone será el predestinato, el que pondrá fin a la guerra.
Zack hace una pausa y les revela que en el fondo todo ha sido plan de su padre. En sus últimos momentos, él fue quien le pidió que encomendara este camino a Tyrone.
Se vuelve hacia Agatha diciendo que será la encargada de darle el mensaje a Tyrone. Da igual cómo lo haga, pero que le llegue. Francesco con el permiso del Don, se retira a la oficina. Zack se acerca a Agatha y susurrando que lo ha hecho muy bien, le da un beso en la mejilla y después se aleja al interior de la mansión.
Aproximadamente una semana antes del disparo
Agatha camina por la industria preguntando por Luca. Tiene preguntas. Él aparece.
¿Está bien lo que he hecho? - le pregunta Agatha.
Parece que le gusta estar al límite todo el rato. Luca le dice que eso les gusta y que les gusta jugar con ello. De repente, Luca desaparece de su vista.
Agatha anda unos metros y Luca vuelve a aparecer. Luca quiere saber cómo jugarán. Lleva retrasandolo mucho tiempo. Vuelve a desaparecer de su vista. Agatha intenta perseguirlo y le murmura que ella se pondrá muy triste. Luca responde que por eso jugaran. Es lo que más les gusta y vuelve a perderle de vista.
El silencio se rompe con el sonido del fuego en la fundición. Agatha no cree que sea una buena idea. Lo repite varias veces. La figura de Luca aparece en llamas, bajo el fuego de la fundición. Le dice que ella es fuego y como tal, tiene que arder. Agatha no sabe si quiere eso. Luca le informa de que aún hay tiempo. Agatha comienza a repetir esa frase, en voz baja, una y otra vez, hasta que estalla en un grito diciendo:
¡No quiero hacerle daño!
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Episodio 3 - En la mira
Agatha está en la terraza fumando. Entra a la mansión a cambiarse y después se dirige al garaje para sacar su coche.
Se detiene unos segundos en la carretera del puente de comisaría desde donde observa cómo salen los agentes del edificio a la zona privada de aparcamientos. Unos instantes después, arranca y continúa hacia el Kurant.
Mientras conduce, hace una llamada perdida a Greco. Él le devuelve la llamada y Agatha le pregunta si le ha gustado lo que le ha dejado por los alrededores de comisaría. Tiene nuevos grafitis.
¿Cómo va su reloj? No se olvide de darle vueltas - le dice Agatha.
Todos los días, antes de irme a la cama. Nunca se sabe cuándo se va a parar - responde Greco.
Le pregunta si existe alguna manera de quedar con ella que no sea por teléfono. Agatha, con cierta ironía, le pregunta si le ha echado de menos. Greco le responde que ligeramente, pero tampoco se lo puede decir. Ya la contactará. Si ella se divierte con él, él lo hará con ella. Es algo recíproco.
Al llegar a la entrada de la cafetería, Agath ve a una chica de traje con el cabello negro hablando con un hombre encorvado que lleva una cachaba. Agatha entra, y poco después entran ellos dos. Parece que la chica trabaja allí.
Mientras conversa con Olivia, la joven del traje, escucha que el chico rubio con la raya en medio, se presenta como el gerente. Agatha se vuelve hacia él y le pregunta si sabe dónde está el pelinegro con la camisa desabrochada que trabaja en la cafetería. El gerente, que se presenta como Julen, le explica que lleva unos días sin venir porque se está tomando un descanso. Agatha exhala un pequeño suspiro. Siempre le pasa lo mismo.
Olivia le pide disculpas por el hombre mayor por ser un maleducado. Agatha le responde que no se preocupe. Ese hombre es alguien que no merece la pena, y que se volverá a pasar por la cafetería. Al ver que llegan clientes, Agatha decide irse. Arranca el coche. Justo un cuervo que estaba al lado de este alza el vuelo.
Agatha pasa por el taller, donde ve bastante gente afuera. Aparca el coche y uno de ellos con el pelo castaño y cazadora de cuero marrón, se acerca a preguntar qué necesita. Agatha le dice que le gustaría que comprobaran el motor. Este lleva el coche dentro mientras Agatha le sigue a pie. Cuando los otros dos chicos que estaban en el taller les dejan a solas, Agatha le pregunta por Ryoko. Él le responde que llegará más tarde y se ofrece a avisarla de que estuvo allí.
Mientras revisa el motor, Agatha observa cómo los dos chicos de antes bajan de la planta superior y salen del taller. Los ve intranquilos. Al poco rato, regresan y hablan con McKenna, el chico que le está revisando el motor, quien les pide que realicen la factura del arreglo. Uno de ellos, con una gorra, menciona que van a la sede y se marchan, dejándolos solos en el taller.
McKenna le pregunta a Agatha a qué se dedica. Ella le cuenta que trabaja en el casino. En ese momento, llega una cliente y se ausenta. Agatha empieza a inquietarse, repitiéndose mentalmente
Me tengo que ir, puede llegar en cualquier momento. Puede llegar en cualquier momento, tengo que irme.
Mira hacia la parte superior del taller y piensa:
¿Y si está allí? ¿Y si la ve?
Cuando McKenna regresa, Agatha le dice que se tiene que ir. Él asiente, alegando que tiene un aviso de grúa. Sin embargo, Agatha le comenta que en realidad tiene que ir a la sede, sus amiguitos lo han dicho antes de irse. McKenna finge que no sabe de qué le está hablando, pero ella le advierte que tengan más cuidado y que se lo diga de su parte.
McKenna le dice que tiene que cerrar el taller y le entrega el coche. Agatha se despide. Ya se verán en otro momento.
Llama a Ryoko. Le dice que fue a buscarla al taller, pero no estaba. Ryoko le explica que ayer se tomó unas copas en el casino y estaba descansado. Agatha le dice que trabaja allí y que si quiere puede ir a buscarla que está con el coche. Ryoko propone mejor quedar en una iglesia cercana para recogerla. Agatha nota que está nerviosa y que no pasa nada si no quiere quedar. Ryoko le asegura que le encantaría quedar con ella. Agatha le pide que le avise.
Antes de dirigirse al casino, pasa por delante de la iglesia por si la ve, aunque no está. Tras llevar un rato observando a la gente del casino, vuelve a llamar a Ryoko. Le dice que la ha estado esperando y no ha aparecido. Esta vez Ryoko le dice que ha tenido un pequeño accidente y por eso no ha podido ir. Agatha le pregunta si quiere que vaya al hospital. Ryoko le dice que no hace falta y que tiene que recuperarse del esguince. En uno o dos días ya estará mejor para quedar. Agatha le dice que no se preocupe.
Al salir del casino, se acerca un perro y ella lo acaricia. El animal la olfatea, percibiendo un aroma a tabaco y rosas. Su dueña se aproxima junto a otras dos chicas. Mientras conversan, Enzo sale del casino. Agatha lo ve y le llama alzando la voz para que le oiga. Enzo se detiene un momento, y sin mirar atrás sigue su camino.
Las chicas invitan a Agatha a entrar con ellas en el casino. Ella acepta y, mietnras bajan, comenta que los perros son muy bonitos. La chica rubia le dice que debería tener uno, que la pueden proteger de gente mala o que se porta mal.
Dentro del casino la chica con el delantal está en una llamada con el altavoz puesto hablando con Damiano. La chica rubia le pregunta si lo conoce. Agatha le cuenta que le conoció el otro día en la iglesia y le desabrocho un par de botones, que le notaba que le costaba respirar.
La chica con el delantal manchado le dice a Agatha que le acompañe para mostrarle algo fuera. Agatha la sigue, aunque lo que le ha contado sonaba algo extraño. Según salen, Agatha se sube a su coche y haciendo caso omiso a la chica del delantal que llamaba su atención se marcha.
Al pasar nuevamente por el taller, Agatha ve a Ryoko de pie, hablando con el resto. La llama.
No me gusta que me mientan - le dice.
No te he mentido. Tengo un esguince - responde Ryoko.
Entonces, ¿por qué estabas de pie? - le pregunta - Te veo muy sola - añade Agatha.
Hay veces que me puedo sentir así, pero siempre estoy bien acompañada. No te preocupes - contesta Ryoko.
Pensaba que eras diferente… más real - dice Agatha, decepcionada y le cuelga.
Agatha llega al Kurant. En la entrada de la terraza ve a Damiano hablando con Olivia. Aparca en la esquina de la cafetería y se queda fumando mientras espera que terminen.
Julen, el gerente, se acerca y le pregunta si quiere algo. Agatha le dice que solo está fumando un rato y le ofrece un cigarrillo. Este lo acepta. Agatha comenta que ha visto un anuncio de que buscaban personal y pregunta si el hombre que está hablando con Olivia es su compañero que había desaparecido. Julen asiente diciendo que no estaba desaparecido y, al ver que llegan clientes, se aleja.
Agatha sigue fumando mientras no les quita el ojo de encima. Al rato ve como ambos se suben en una vespa y se van..
Más tarde, Julen vuelve y le dice que si sigue interesada por lo del trabajo puede hablar con él o con Olivia y que se pase. Agatha aclara que es para un amigo y que Olivia parecía ocupada. Julen le dice que tenía cosas que hablar con Damiano.
Agatha se acerca a su coche. Desde ahí observa que Damiano y Olivia han ido a hablar al saliente del muelle que hay más adelante. Al rato se marchan de la zona del puerto.
Al pasar de nuevo por la calle que da al taller y ve que siguen reunidos frente a la puerta. Se mete en uno de los callejones, aparca y sube a la azotea. En ese momento, ve cómo todos empiezan a movilizarse. Agatha rápidamente baja y se sube a su coche. Ellos la pillan en medio del callejón y empiezan a perseguirla intentando rodearla. Sin embargo, Agatha se mete por la calle frente a la comisaría y ellos se alejan.
Da una vuelta alrededor de las calles de la comisaría, para asegurarse de que no la están esperando, sin saber que en ese momento otras personas la estaban observando desde las alturas. Tras ver que no están, llama a Ryoko solo para decirle “Buen truco. Buena suerte la siguiente vez” y la cuelga.
Agatha decide pasar cerca del hospital. De camino se encuentra con un chico que necesita ir allí para recoger su coche. Da un par de vueltas antes de acercarse y Agatha le pide que le haga un favor y que le diga a un doctor rubio de cabello largo que le manda recuerdos a Yolanda Martín.
Llegan al hospital. El chico se baja y le pregunta por el apellido de la chica que tiene que decirle al doctor. Antes de responder, Agatha ve salir de la entrada a los chicos del taller. Sin decirle nada al chico, arranca y se va. Se aleja de la zona y va cerca de la comisaría. Allí llama al chico que le había dado el teléfono antes para recordárselo.
En ese instante, se percata de que desde la azotea de comisaría la están vigilando. Tras terminar la llamada le llega un mensaje de Greco en el que pondría: “Si quiere pasar, pase”. Agatha sube con el coche a un edificio colindante y desde allí, baja del coche y lanza un beso al aire en dirección a donde está Greco con otro agente.
Finalmente regresa a la mansión. Durante el trayecto, llama otra vez a Ryoko. Ryoko contesta y al ver que no hay respuesta pregunta si es Agatha. Agatha le dice que llamaba porque quería saber si estaba bien. Ryoko le explica que ha ido al hospital porque el esguince le dolía más a ver si le podían hacer algo.
Puedes ir eligiendo habitación. ¿Cuál es el número que te gusta más? - le dice Agatha.
Cualquiera menos el cuatro - responde Ryoko.
¿Te están hablando? - pregunta Agatha. Sabe que no está sola.
Ryoko niega.
Pues elige muy bien tu número, es importante - añade Agatha tras lo cual cuelga.
Deja el coche en el garaje y se dirige al jardín trasero de la mansión, donde se queda quieta, observando la ciudad en silencio.
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Episodio 4 - La sangre no importa
En medio de un edificio abandonado y en ruinas (el antiguo del FIB), desde el que se alcanza a ver el letrero de Marbella, Agatha permanece inmóvil, observando el horizonte. Una fogata al fondo de la sala ilumina tenuemente las paredes resquebrajadas, proyectando la sombra alargada de un hombre.
Escucha un ruido leve. Y de repente, una voz conocida le pregunta
¿Qué crees que estás haciendo?
Echarte de menos, supongo - responde Agatha sin apartar la mirada del horizonte.
¿Ah, sííí? ¿De verdad? - replica la voz del hombre pasando por detrás de ella con su tono tan característico.
Solo un poco - contesta Agatha.
¿Eso te dices todas las noches, cuando vas a dormir? - insiste la voz.
Te sigo odiando. ¿Lo sabes, no? - dice Agatha.
El ruido vuelve, más insistente esta vez. Cuando Agatha se gira hacia la puerta, él ya no está.
¿Luca? - pregunta Agatha, con un hilo de voz, intentando confirmar que todavía sigue allí.
Al volver la vista hacia el horizonte, lo encuentra frente a ella, tan real y tan etéreo y le dice que siempre está en ella. Tiene que encontrar el camino. Luca le pide que le acompañe.
Antes de seguirle, Agatha susurra que siempre le ha gustado ese tipo de juego. Recorren las estancias ruinosas del edificio. Luca le dice que puede hacerlo sin ella, desvaneciendo tras ella. Agatha le responde que muchas veces lo ha hecho sin él. Sigue avanzando por los pasillos estrechos. En medio de la oscuridad, Agatha se detiene y le nombra, con la necesidad de saber si sigue con ella.
A lo lejos, en una puerta entreabierta, lo ve esperándola. Agatha avanza hacia él y entonces escucha su voz.
¿Crees que es una decisión inteligente ser su hija? - le pregunta.
Solo quiero tener una familia - responde Agatha como si fuera un susurro.
Yo era tu familia, ¿recuerdas? - dice Luca.
La sangre es la sangre - añade Agatha.
La sangre no importa, Lilith - contesta Luca.
Sigue adentrándose más por los pasillos del edificio hasta llegar a otra habitación en la que apenas quedan unas cuantas vigas metálicas. Luca surge detrás de ella. Agatha pensaba que le había perdido. Él le dice que no puede, siempre estará con ella. Su maldición siempre ha sido amarle y odiarle. Agatha le dice que siempre hace daño a la gente, nunca para de hacerlo.
Agatha se queda observando a Luca quien está de pie cerca del borde. Le pregunta si está pasando de verdad. Luca le dice que todo está pasando a la vez, constantemente. Agatha dice que le van a hacer daño. Luca contesta que siempre. Es lo que son. No valen para otra cosa y él ya está en el infierno, como ella lo estará algún día. La figura de Luca se desvanece cayendo al vacío. Agatha se asoma al borde y mira hacia abajo, solo encontrando oscuridad.
En una pequeña sala que parece haber sido un almacén de herramientas, la luz tenue de un par de lámparas de techo iluminan apenas ilumina el lugar. En el centro, una silla destaca bajo la luz directa de un foco. Agatha se queda observándola en silencio.
Desde el fondo de la sala aparece Luca, caminando hacia ella con una calma inquietante.
¿Será aquí? - le pregunta Agatha sin apartar la vista de la silla.
¿Lo vas a hacer? - responde Luca, con una mezcla de curiosidad y desafío.
Lo haré si hace falta - dice ella, firme pero temblorosa.
Luca le dice que mire bien el lugar. Agatha empieza a observarlo de un lado para otro. Es su mente y su corazón, un espacio lleno de sufrimiento y oscuridad. Agatha no está segura de que quiera hacerlo. Luca le dice que están destinados. Condenados. Él no teme al infierno, porque sabe que allí Agatha estará a su lado. Luca se acerca a la silla y desaparece.
Agatha se acerca a la silla. En su cabeza resuenan las palabras de Luca. “La sangre no importa, Lilith. Solo nosotros”.
Agatha termina de fumar un cigarrillo junto a la fuente del patio exterior. Lo apaga y se dirige a su coche.
Conduce por una calle colindante al ayuntamiento. Desde allí ve que un grupo de policías están reunidos en la plaza haciendo una huelga. Da media vuelta y aparca el coche en una calle contigua.
Sin hacerse notar, se cuela por un edificio que da hacia la plaza, sube hasta la azotea y empieza a observar a la multitud que hay en ella.
A través de la gente, distingue a Greco entre los policías. Sonríe con malicia y le envía un mensaje corto diciendo: “Bonita gorra”.
Permanece vigilando durante un buen rato, hasta que comienza a ver que la multitud empieza a dispersarse. Agatha desciende, vuelve a su coche y se aleja por las calles de la ciudad.
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Episodio 5 -
Entra a la industria con el cuchillo en la mano, avanzando hacia donde están Zack y Francesco junto a un ‘invitado’. Agatha se acerca a Boyle levantando el cuchillo, pero Zack la detiene. Todavía no, está a punto de cantar. Zack le ordena que le diga que estaba hablando con Tyrone.
Boyle le responde que jamás le mentiría. Ha ido a avisarles de que podrían estar en peligro y que hay alguien alrededor del taller vigilandolos. Boyle, desviando su mirada brevemente hacia Agatha, le dice a Zack que la lleva investigando durante un tiempo y también les ha avisado de ella. Zack le dice a Boyle que tendrá que cortar esos lazos con los chicos mientras Agatha poco a poco va acercando el filo del cuchillo al cuello de Boyle. Ya sabe dónde no tiene que meter las narices. A Boyle le ha quedado claro.
Zack se aparta ligeramente y mira el lugar. Le dice que ese sitio era el favorito de Luca. Le encantaba arrojar a la gente al hierro fundido y escuchar sus gritos mientras se consumían.
Tiene un trabajo para Boyle. Lo que ha pasado en el hospital era solo un recordatorio para Enzo de que prosiguen con la guerra. Espera que la próxima vez que contacte con él, le siguiera tratando como un amigo. Agatha espera que no desconfíe de él. Boyle le responde que no, nombrándola. Agatha le pregunta cómo sabe su nombre. Boyle le cuenta que se lo ha dicho el comisario. Lleva un tiempo investigandola y ayer la vieron por comisaría. Zack le dice que después de tanto tiempo pensaba que necesitaba recordar lo buenos amigos que son, mientras Agatha retira el cuchillo del cuello de Boyle y se aparta junto a Francesco.
Zack le pregunta si tiene ganas de ver a su hija. Boyle asiente. Haría cualquier cosa por volverla a ver. Zack quiere que se infiltre en la fundación Machiavelli. Boyle le cuenta que les ha estado investigando y le pide permiso para sacar su libreta. Él se lo da. Agatha, incómoda por su presencia, lo observa con desconfianza.
Boyle le explica que ha podido averiguar que es una tapadera, incluyendo las fábricas alrededor de la fundación y que no hay trabajadores reales. Controlan todos los accesos y no le han dejado entrar. Boyle pasa las páginas de su libreta mientras habla.También que Tyrone tuvo una reunión importante y que le vieron con Enzo, el comisario y la señorita Iris Márquez. Zack le pide que les deje a él y a su hija a solas un momento.
Zack se vuelve hacia Agatha, apartando con cuidado un mechón de pelo de su cara. Cree que se está yendo por las ramas y que con ella será más claro. Agatha con una risa leve asiente.
Regresan Boyle y Francesco a donde estaba. Agatha saca su cuchillo y se acerca a Boyle. Le dice que no parece un hombre que moriría de rodillas. Él le dice que en ese caso lo haría cara a cara. Agatha le ordena que se arrodille. Boyle alza una ceja, vacilante. Agatha le grita que lo haga. Boyle obedece, clavando las rodillas en el suelo.
Agatha, presionando el filo contra su cuello, le dice que se va mucho por las ramas. Ella les ayudó, por qué no hace él lo mismo. Él les vuelve a contar que los había visto reunidos con Enzo. Agatha se ríe y luego le grita que es mentira. Boyle, manteniendo el tono, le dice que les está contando la verdad y tiene una foto que lo demuestra, de ellos en la tumba de Bobby. Agatha mira fijamente a Boyle y le pregunta si confían en él. Boyle responde que Tyrone no, pero puede intentar ganarse la confianza de los otros. Agatha no quiere matarle, pero para eso necesita que le dé algo más. Boyle recuerda que le advirtió a Tyrone que habia un hombre vestido de negro vigilandolos desde un helicopterio.
Zack le pregunta cómo averiguó su nombre. Boyle es sincero. La vida de su hija está en juego. En un aviso que le llegó de un asesinato en el hospital, puedo ver en las cámaras a Agatha e investigando, coincidió con ella y con Zack en la iglesía. Después avisó al comisario. Al parecer Agatha ha intentado contactar con el comisario. Agatha le grita diciendo que es mentira. Boyle dice que jamás lo haría. Zack, conteniendo su rabia, le dice a Boyle que no está siendo claro.
Boyle continúa. Le enseñó la foto al comisario señalando a uno de los hombres y le dijo que era Dante Salieri, pero que estaba muerto. Entonces el comisario le reveló que en realidad el de la foto era Zack Tarantino. Por eso Boyle sabe su nombre.
Cuando estaban en la azotea de la comisaría, vieron a Agatha en un edificio de al lado lanzarles un beso como cuando les ayudó en el SNI. Agatha se ríe y le pregunta a Zack si le puede cortar el cuello. Zack responde con firmeza que no. Él sabe que Boyle no le está mintiendo, pero no le gusta que la gente omita información y ande con rodeos, y a Agatha tampoco. Le dice a Agatha, quien le estaba haciendo pequeños cortes por la espalda a Boyle, que es suficiente y que deje que se levante. Boyle se levante lentamente poniendo sus manos a la espalda. Su mano derecha temblaría.
Zack le pregunta en qué quedó su conversación con Tyrone. Boyle le cuenta que le dijo que no quería a la policía en su taller. Zack le pregunta si sabe que es Tyrone para él. Boyle desconoce. Zack le revela que es su sobrino. Y que por culpa de los Machiavelli su hermano acabó asesinado. Tienen entendido que Boyle le conocía. Zack solo está ahí para encargarse de que su legado continúe. Su trabajo es cuidar de él y no tiene de qué preocuparse. Lo hace solo para ser un buen padrino, un buen tío. Boyle asiente levemente diciendo que lo entiende.
Zack le pide que mantenga el papel y que se acerque a Enzo y le cuente todo lo que averigue. Sabe que tienen una iglesia al norte en la que esconden algo y quiere saber qué es. Antes de terminar, le recuerda a Boyle lo que está en juego.
Dicho lo cuál, ellos tienen otros sustos que resolver. Espera que Boyle no se equivoque. Boyle dice que no lo hará y que agradece la confianza de nuevo. Zack se acerca a él, poniendo la mano sobre su hombro, y le dice que la próxima vez le dé la información clara y concisa, si no Agatha se lo va a pasar muy bien con él.
Zack se aparta y murmura que las cartas ya están sobre la mesa y la guerra ya ha comenzado. Solo el tiempo dirá hasta donde correrá la sangre.
Francesco le dice que acompaña a la salida a Boyle. Zack le dice que no, que espere ahí y observe el lugar. Cuando Zack y Francesco se alejan, Agatha se acerca a Boyle y le susurra:
Piense bien lo que hace, tiene una hija.
Al salir del edificio, Zack le dice a Agatha que tiene una cosa que hacer. Agatha se recoge el pelo con un lazo que llevaba en su corpiño. Quiere que vayan al taller a por Nina y que se la traigan, ya sea por las buenas o por las malas.
Durante el trayecto, Agatha ve el mensaje que le había enviado Greco. Este le dice si le ha puesto vigilancia. Agatha le responde que jamás.
Pocos segundos después, recibe una llamada de Zack. Le dice que la chica razona bastante bien. Si se acercan a ella y le advierten de lo que puede pasar si no coopera, es posible que no sea necesario sacar la pistola.
Al llegar a la zona del taller, divisan a Nina algo apartada cerca de la puerta. Francesco deja el coche cerca de ella. Sin bajarse, Agatha le ordena que se suba al coche. Nina le replica con desconfianza que por qué lo haría. A Agatha la conocen, y no va a jugársela bajando del coche para que sus amigos la apunten con pistolas. Nina no parece hacer la mucho caso. Agatha le dice que le habían dicho que era una chica lista y que era muy buena trabajando con ellos. Quiere que le diga a sus amigos que eran un cliente muy raro y que después dé la vuelta al edificio para recogerla. Ambas saben que tiene cosas que perder. Nina les mira en silencio durante unos segundos y le dice que le den un momento. Se alejan del taller y esperan para recogerla.
Varios minutos después, Zack llama a Agatha para saber si la tienen. Ella le explica que parecía que le daba algo de vergüenza subirse y quedaron en recogerla a la vuelta de la esquina, pero está tardando mucho. Zack le dice que le dé paciencia.
Tras pasar unos minutos más, Nina se sube en la parte de atrás del coche como habían acordado. Agatha saca su pistola y la apunta con ella. Nina protesta que no hace falta. Está colaborando. Agatha le replica que es por precaución. Saca una bolsa y le pide que meta sus pertenencias en ella. Mientras Nina obedece, Francesco le advierte de que un coche rosa les está siguiendo. Agatha se gira hacia Nina y le pregunta si son su amigos. Ella admite que podrían ser, porque han sido un tanto sospechosos al ir a por ella. Agatha dirige una breve mirada a Francesco. Aunque finalmente, Francesco les despista.
Agatha llama a Zack para avisarle de que la tienen. Zack le dice que les espera en casa. Tras colgarle, ve que Greco le ha enviado un nuevo mensaje: “Tenemos que hablar, pelirroja” junto una ubicación. Agatha le contesta “Y tanto”.
Durante el trayecto, Nina pregunta sobre la persona que iba con ellos y si le han dejado fuera de todo eso. Agatha le responde que ahora le verá. Nina le pregunta si es por lo de Ryoko, Agatha le dice que no, que ha sido muy lista.
Al llegar, bajan del coche. Agatha deja a Nina con Genaro y se acerca a Zack para avisarle de que viene muy agresiva. Zack se ríe, la conoce de sobra. Si hay que hacer algo le dirá.
Agatha le pide ausentarse. Él le da su aprobación. Se acerca a Nina y le dice que le está esperando. Le comenta a Francesco que se va a ausentar un rato dándole un beso en la mejilla, y que no se olvide luego de la bolsa de la chica que ha dejado en la mesa. Antes de marcharse, Francesco le pide que no hace falta que le siga llamando así.
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Episodio 6 - Jaque
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Episodio 7 - Una vida por otra vida
